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Bowie, el pájaro azul y la muerte inaceptable

Bowie, el pájaro azul y la muerte inaceptable

Por Daniel Mecca (@danielmecca)

En una de las entradas de su hermosa novela “Amor”, Juan José Becerra escribe: “25 de noviembre. Murió Maradona. Lo considero un hecho inaceptable”. No se puede decir más lento. No se puede decir mejor. El domingo 10 de enero de 2016, podríamos haber escrito simétricamente: “10 de enero. Murió Bowie. Lo considero un hecho inaceptable”.

El 8 de enero de 2016, día de su cumpleaños 69° y dos días antes de su muerte (una muerte discreta, sin estertores, impublicable) Bowie sacudía otra vez la música con el lanzamiento de un álbum sofisticado, el número 29°, Blackstar, que le seguía musicalmente al genial The Next Day (2013).

Y así, horas después del lanzamiento, se apagaban todos los Bowie como en un fade out: Ziggy Stardust, el duque blanco, Aladdin Sane, el Major Tom, el rey de Goblins en el laberinto, ese ojo blindado, sus nacimientos en edenes paganos y rockeros, su semen glam.

Las sesiones de grabación de este álbum habían comenzado en enero de 2015 -finalizarían en abril- bajo la producción del maestro Tony Visconti (con quien Bowie empezó a trabajar desde Cemento, o sea desde Space Oddity de 1969).

Uno de los temas que más me conmueve de Blackstar es Lazarus.

Desgarra.

Vean el video en YouTube: Bowie en una cama de hospital, los ojos vendados, dos botones en lugar de ojos, las manos apretando las sábanas como aferrándose a la vida. No se quiere ir, no se quiere morir, canta “You know, i’ll be free, just like a bluebird”. ¿Sabés?, Seré libre como un pájaro azul. Su voz va tomando la canción. Sus dientes. Sus brazos. Su piel bígama. Hasta ese final de guitarra lenta que se va apagando como en una noche de verano. Colgado en lo alto del cielo lo ha tocado como nunca.

Paréntesis: Hay una versión preciosa de Lazarus cantada por Michael C.Hall (el actor de Dexter, Six Feet Under), quien encabeza el musical homónimo.

Me cuesta repetir, como se ha dicho, que este álbum es su testamento musical. Las pelotas. No lo acepto. Bowie no se quería morir un carajo. Se murió en un espléndido momento musical y eso es lo que duele, porque tenía más para dar, para cambiar, para imaginar.

Murió Bowie. Lo sigo considerando un hecho inaceptable.

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