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Borges y Bioy Casares: el Lennon-McCartney de la literatura

Borges y Bioy Casares: el Lennon-McCartney de la literatura

Por Daniel Mecca (@danielmecca)

La de Borges y Adolfo Bioy Casares debe ser de las amistades más malvadas de la literatura. Fueron inteligentísimos, irónicos, camaradas de destrucciones de otros. En los cuarenta, Borges y Bioy eran como Paul McCartney y John Lennon. De hecho, 1940 fue un año clave para ambos: Bioy publicó la novela La invención de Morel —tremenda novela—, Borges el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” y ambos, junto a Silvina Ocampo, publicaron ese año la Antología de la literatura fantástica.

Arrogantes, híper lectores, polemistas, los amigos se pasaron más de 50 años haciendo digresiones fabulosas, lúcidas y sulfurantes sobre todo y todos, como se lee en el libro Borges, de Adolfo Bioy Casares, esa monumental obra de 1663 páginas sobre sus encuentros diarios con el autor de Ficciones.

Es un libro inevitable, íntimo, incorregible.

Fue en la casa de la casa de Bioy y Silvina Ocampo donde Borges solía ir a comer por las noches. Primero en el edificio de Santa Fe 2606 y luego, cuando se mudaron, a Posadas 1650. Esa amistad literalmente diaria es la que nos permite vincularlo con los Beatles: la clave compositiva y sanguínea entre John y Paul es que prácticamente vivían juntos en hoteles durante las giras.

En esos departamentos no solo está la clave sanguínea de Borges y Bioy, sino que explica cómo en la persistencia de verse todos los días Borges y Bioy crearon esa literatura que demuele hoteles.

Borges y Bioy se habían conocido en diciembre de 1931 o enero de 1932 —la imprecisión es porque no lo recordaban exactamente— en una reunión en casa de Victoria Ocampo, en San Isidro, ya que la fundadora de la revista Sur llevaba un invitado extranjero a su casa. Borges y Bioy no eran contemporáneos como a veces parece por las fotos icónicas de ambos, ya mayores. Borges tenía 32 años y Adolfito, diecisiete. Según contó Bioy, en un momento de aquella reunión Victoria se les acercó enojada: “Borges habló mucho conmigo a pesar de que yo era chico. Estaba allí el invitado de turno y de pronto se acercó Victoria, que era muy mandona, y nos dijo: ‘¿Quieren dejar de hablar entre ustedes y atender al invitado? No sean mierdas’.

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